Faltan aún cinco meses para que se dé el cambio de rector en la UdeG, pero en los pasillos de la Universidad de Guadalajara ya se respira la anticipación, las pasiones y las ambiciones de aquellos que buscan el cargo más alto de esta institución que, más allá de su papel académico, es una columna vertebral de la política y la cultura en Jalisco. La sucesión por la rectoría está en marcha, y por primera vez en casi tres décadas, lo hará sin la sombra omnipresente de Raúl Padilla López, el hombre que, durante años, definió quién ocuparía la silla del rector.
La muerte de Padilla López en abril de 2023 marcó el fin de una era. Durante 28 años, su figura operó como el arquitecto detrás del poder universitario, consolidando un grupo de élite bajo el manto del Grupo Universidad. Pero su desaparición ha dejado un vacío que no solo representa el fin de su liderazgo, sino una reorganización de fuerzas que promete redefinir el futuro de la UdeG. En medio de este escenario, Ricardo Villanueva Lomelí, el actual rector, será el último electo bajo la influencia de Padilla, un legado que aún pesa en esta contienda, pero cuyo control empieza a diluirse.
El proceso sucesorio arrancó oficialmente este mes, y con ello comenzaron a surgir los primeros nombres de quienes aspiran a dirigir la institución que alberga a más de 300 mil estudiantes. Entre los candidatos, la figura que más ha resonado hasta el momento es la de César Barba Delgadillo, director general del Sistema de Educación Media Superior (SEMS), ex presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y colaborador cercano de Villanueva Lomelí. «Chicho», como lo llaman, ha logrado una notable popularidad dentro de la comunidad universitaria, respaldado por su gestión en la SEMS y su habilidad para manejar una estructura educativa que atiende a más de 190 mil estudiantes de bachillerato.
Sin embargo, no es el único que se mueve en este tablero político-académico. En la búsqueda por equilibrar las fuerzas internas, suenan también nombres de mujeres que podrían aspirar a la rectoría, en lo que algunos llaman ya el «Tiempo de Mujeres». Entre ellas, Karla Planter, rectora del Centro Universitario de Los Altos, y Mara Robles, diputada local y ex rectora del mismo centro. Ambas han construido trayectorias sólidas dentro de la academia y la política, y en los últimos meses han logrado posicionarse como contendientes serias para el cargo.
La UdeG, un verdadero bastión político y cultural, no solo seleccionará a su nuevo rector en marzo de 2025, sino que este proceso determinará mucho más que el liderazgo universitario. La universidad ha sido, durante décadas, un espacio de influencia que trasciende sus propios muros, moldeando la vida política y social del estado. Y, en este contexto, la sucesión se vuelve un termómetro para medir los cambios en las dinámicas de poder que, por tanto tiempo, giraron en torno a Padilla López.
Cada movimiento es observado de cerca, cada nombre que surge en los medios genera discusiones y cálculos en las distintas facciones del Grupo Universidad, que, pese a la muerte de su fundador, aún es una fuerza importante. A esta efervescencia se suman otros aspirantes, como Gustavo Padilla Montes, José Francisco Muñoz Valle y Guillermo Arturo Gómez Mata, quienes buscan capitalizar sus respectivas gestiones al frente de diferentes centros universitarios.
En estos meses, la UdeG será el escenario de una contienda que tiene tanto de política como de academia. A medida que nos acercamos al momento de la decisión final, las tensiones crecerán, las alianzas se fortalecerán o romperán, y en cada rincón de la universidad, se escuchará el eco de las ambiciones de aquellos que buscan heredar el trono de los Leones Negros. Porque, en el fondo, la lucha por la rectoría es más que una cuestión de títulos o de gestión universitaria. Es una batalla por el futuro de una institución que, a lo largo de su historia, ha sido mucho más que una universidad: ha sido el corazón intelectual y político de Jalisco.