Quién lo creyera. Un modesto albañil, que vivió en el anonimato, murió casi en olor de santidad, un mártir, víctimado por el Estado, cuya muerte despertó la ira de los ciudadanos justicieros, hasta ahora mudos, ante tanta injusticia.

Lo que es la coyuntura política, que convirtió en símbolo, a un albañil, del que todo el país habla, cuando sólo lo conocían unos cientos de personas, en un pueblo, desconocido para la mayoría, incluso para los jaliscienses, y al que no tienes que ir, para nada.

Ese asesinato que a todos nos duele y horroriza, hubiera pasado desapercibido, si hubiera ocurrido, no años, sino meses atrás y sólo los lectores de nota roja se hubieran dado cuenta.

Pero la política pinta del color que quiere los sucesos.

Hace unos meses, o años atrás, hubiera provocado una llamada de atención de él Subsecretario de gobierno, al Presidente Municipal, hubieran encarcelado a los policías responsables, y uno o dos habrían sido dados de baja, y tal vez uno de ellos sería condenado sólo unos años, por homicidio imprudencial.

Y tan tan.

Pero la política, nos hace ver de otro color los sucesos.

Pará empezar, al obrero de la construcción Giovanni López, fue asesinado, luego de los sucesos que levantaron olas de ira en toda la nación, por el asesinato de un modesto hombre de color, provocando manifestaciones violentas, que tienen asustado al presidente Trump.

En ese contexto, se da el proditorio asesinato del albañil de Ixtlahuacán de los Membrillos que sensibilizó a la opinión pública no sólo de Jalisco, sino de todo el país, provocando el coraje de muchos, por la lentitud gubernamental, para mostrar voluntad en hacer justicia.

Y por si fuera poco, el ambiente enrarecido por los trepes y choques frecuentes entre dos hombres de poder, con un carácter muy disparejo: Andrés López y Enrique Alfaro, que se enfrentan por quítame estas pajas.

Sin que muchos nos diéramos cuenta, con una velocidad impresionante, se incubó, aderezada y alimentada por la política, antes que por Giovanni, una manifestación, por gente de buena fe, infiltrada por personas interesadas en cobrar a Enrique Alfaro, sus actitudes bélicas, ante el Presidente Andrés López.

El Palacio de Gobierno que se salvó de numerosos grupos de la guerra de Reforma, y de la Revolución Mexicana y luego de Maximiano Barbosa, cayó en manos de los vándalos, a los que muy poco les importaba el merecido clamor de justicia, por Giovanni.

Tal vez convendría replantear la relación de Jalisco, ante el poder central.

¿Cómo la ve?